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Olivier Clerc y la historia de una ranita

En nombre del progreso,
de la ciencia, y del aprovechamiento,
se efectúan continuos ataques
a las libertades individuales, a la dignidad,
a la integridad de la naturaleza,
a la belleza y a la felicidad de vivir.
Lentamente, pero inexorablemente,
con la constante complicidad
de las víctimas, inconscientes,
o quizás incapaces de defenderse.

                                                Olivier Clerc

DESINFORMACIÓN-EL CRISOL DE LA  CORDURA   Recibí días atrás una presentación PPS con una bella metáfora; comoquiera que las  primeras lecturas de mi niñez fueron fabulas, parábolas y metáforas, sé de su valor para la comprensión de los mensajes.

No conocía a este joven escritor, traductor y filosofo suizo con gran éxito entre  los francoparlantes y que como persona de su tiempo utiliza las nuevas tecnologías para difundir su pensamiento, interesante es la visita a su espacio web, donde entre otras cosas afirma que él no es el autor del mencionado PPS, aunque el hecho no importa puesto que el valor principal es la idea que comunica. Merece la pena leer lo que de él dice Monique Pierlot en su texto, Olivier Clerc en claroscuro, donde repasando su vida y viajes, descubrimos el periplo que le lleva del Tíbet a Cluny y Taizé. Olivier Clerc-EL CRISOL DE LA CORDURA    “…La fábula de que da titulo a esta entrada, nos habla de una rana metida en un caldero y que, debido a la imperceptible subida de la temperatura, no se da cuenta de que la están cociendo.Esta historia le sirve al autor como punto de partida para advertirnos de los cambios que se van produciendo poco a poco a  nuestro alrededor sin que nos demos cuenta, como la pérdida de valores en la sociedad occidental o la degeneración en las relaciones de pareja. Una rana en una olla hirviendo, un brote de bambú que tarda en salir, una mariposa que lucha por salir de su crisálida …, todas estás parábolas sirven al autor de pretexto para hablar del ser humano y los seres humanos debemos recuperar este mensaje dormido para no  dejar que sea demasiado tarde el momento de reaccionar….”.

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

HISTORIA DE UNA RANITA-EL CRISOL DE LA  CORDURA

Textos: Olivier Clerc  ,  Paulino Cervantes y Maeva.es

Fotografía: Archivos propios de © fotografías basado en un trabajo de Philou y Begoña recogido en la RED y modificadas por el autor de esta pagina.

Paulino Cervantes 2011

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El precio de la voluntad

Atrapado para siempre —como quedan esos insectos que nos enseñan en los documentales de naturaleza— en una planta carnívora, así quedó Jesús.

¡¡Por favor moderen su tono de voz!! —Ordenó, perdiendo la paciencia— el presidente de la mesa negociadora del convenio colectivo.

Atrapado 4-EL CRISOL DE LA CORDURA

Ya era el cuarto día y los ánimos estaban encrespados, pues las partes no cedían en sus posturas. La voz cantante por la parte de los trabajadores la llevaba Jesús, uno de los representantes sindicales con mas peso en la negociación, pues la patronal tenia claro el apoyo que este líder tenia entre los suyos.

Quien le conoció entonces cuenta, que Jesús Gómez Laredo desde muy joven fue bastante popular entre los compañeros de aulas en los colegios en los que cursó sus distintos grados de preparación.

Mas adelante ya en los primeros tiempos de su vida laboral, se caracterizo por ser un hombre serio y con fama de trabajador y honrado.

Atrapado 3-EL CRISOL DE LA CORDURASu popularidad y la influencia ejercida por algunos antiguos luchadores de la empresa en la que estaba, hizo pronto de Jesús un sindicalista muy apreciado por sus compañeros.

Era un negociador duro, ¡¡si seguimos por este camino, convocaremos una huelga!! —advirtió esa mañana a los representantes de la patronal—el pacto iba por mal camino; las posturas inamovibles por parte de todos, daban cuenta de lo inevitable de una próxima ruptura de negociaciones.

En vista de la tensa situación, el presidente de la mesa convocó un receso para enfriar el ambiente ¡tomamos unos cafés y en un par de horas seguimos esta discusión! —propuso, con el asentimiento general—.

Atrapado 5- EL CRISOL DE LA CORDURA              Salieron de la gran sala, en la que en torno de una enorme mesa oval se oficiaban las juntas y se encaminaron animadamente hacia la cafetería. Todos menos Jesús que consultaba cabizbajo los papeles de una carpeta corriente de color azul.

Alguien que había estado calladamente observando al líder obrero, el presidente de la empresa y director gerente, cuyo papel en la negociación era — pese a ser a quienes consultaban los jurídicos—extremadamente discreto, se dirigió hacia él resuelto: ¿Qué tal va todo Jesús? ¿Y la familia?. Sorprendido y a la vez azorado por el repentino asalto del jefe, el sindicalista contestó con frialdad, bien gracias.

¿Vamos a tomar un café?, Jesús negó serio con la cabeza, ¡¡yo invito hombre!! ¿Dime cual es la razón de que no podamos tomar un café y charlar? Posiblemente pienses que mi cargo de jefe lo impida, pero te equivocas, yo soy como tú un empleado de la empresa, tengo claro está mis obligaciones, ahí dentro soy de la parte contraria a la que tú representas, pero aquí fuera soy Ricardo, una persona, ¿no crees?, ¡¡anda vamos a tomar un café!!, te aseguro que no vamos a hablar nada de lo que estamos haciendo en esta sala, no sufras y puedes creer que entiendo tus reticencias, pero te equivocas, igual que tú, soy serio y honrado, ¿tienes prueba de lo contrario? Seguro que no, ¿verdad? Y…… tutéame por favor.

Todavía estaba un poco azorado Jesús , cuando sentados en la barra del café, pidió Ricardo los desayunos.

¿Cuántos hijos tienes?

Tengo dos el mayor de nueve años, la niña de cinco, don Ricardo.

¡¡Hay que ver!! tutéame por favor, también tengo dos, el pequeño tiene la edad del tuyo.

La inicial aprensión de Jesús, fue cediendo, sus contestaciones ya no eran tan escuetas.

Continuaron las reuniones durante varios días e invariablemente, Ricardo buscaba en los recesos la compañía de Jesús para el desayuno, además por deseo de este último pagaban una vez cada uno.

El quinto día de negociación fue especialmente duro, era inevitable la ruptura, los sindicalistas anunciaron la huelga.

Ese día, los nervios jugaron una mala pasada a Jesús.

Harto de la postura de la empresa, intentando bajar el salario, las exigencias de aumentar la productividad y el horario de trabajo, argumentando perdidas de la compañía y amenazando con llegar a despidos, razonándolo todo con montañas de papel y gráficos, dio un puñetazo en la mesa y soltó un exabrupto.

Ricardo ni siquiera pestañeo.

Luego en el ya habitual descanso, Ricardo abordó a Jesús.

He sabido—dijo con voz grave y tono comprensivo—del problema de tu chico.

Por un momento el sindicalista se paralizo, su mente voló a su casa, recordó la escena última con su mujer, contándole ésta los resultados de la visita al oftalmólogo.

Va a perder la visión del ojo, solo una operación muy delicada podría solucionar el problema y esta clase de operaciones se hacen en clínicas privadas y son carísimas….tampoco está seguro del alcance y gravedad de la lesión…”

Recordaba también que vino a la negociación con el ánimo por los suelos; no podía asumir la ceguera del hijo, le acudió de pronto la amargura que sintió ante los reproches de su esposa, cuando él se reconoció incapaz de dar una solución.

Volvió a la realidad con un imperceptible sobresalto.

Ricardo le hablaba de lo importancia de la familia y lo que valoraba a sus empleados.

“….Por eso, le he dado orden a los servicios médicos que se pongan en contacto con esa importante clínica barcelonesa para que diagnostiquen correctamente a tu chico y si hiciera falta una operación que no se repare en gastos, es lo menos que puede hacer nuestra empresa por alguien con esa entrega a ella como la que tienes tú…..”

Jesús inmediatamente llamó a su esposa. Ella confirmo la visita del jefe de los servicios médicos un rato antes. Les había llegado una esperanza.

A la vuelta a la sala de reuniones, el sindicalista se mostró conciliador.

Debemos llegar a un acuerdo, estudiaremos vuestras propuestas, al fin y al cabo de la buena marcha de la empresa dependemos todos— dijo ante la sorpresa de sus compañeros—la huelga no es buena para nadie, seguiremos negociando.

Días después, se llegó a un acuerdo. Jesús convenció al resto de los representantes sindicales, de la bondad de éste. Defendió el acuerdo en la posterior asamblea de trabajadores donde se ratificó el acuerdo, sobre todo por la defensa que le hizo Jesús en su intervención.

GERMANY STRIKE 

En realidad el nuevo convenio era una regresión de los derechos que tenían anteriormente. Era un calco de las propuestas iniciales de la empresa.

A la salida de la firma, el presidente de la mesa, que era a su vez el Jefe de Recursos Humanos de ésta, se acerco a Ricardo y le hablo susurrando.

¡¡No lo puedo creer jefe, el resultado de esta negociación nos va ha hacer ganar mucho!!

¿Cómo lo has conseguido? Si casi no has intervenido.

Ricardo, con la mirada perdida en uno de los frescos que adornaban el magnífico edifico de las oficinas centrales de la empresa, le respondió con la suficiencia de maestro en estas lides “…No creas que ha sido fácil, hay que saber evaluar el coste de cada operación financiera y las ganancias que esta reportará. Por unos cuantos miles vamos a ganar millones. La voluntad de las personas tiene un precio. Se trata de comprar voluntades. Pero no hay que comprar muchas, solo unas pocas necesarias. Y sobre todo saber el precio que tienen…”.

En la actualidad los trabajadores tienen poca representación sindical. Las condiciones de trabajo son mucho más duras para todos. Aunque la situación de Jesús ha mejorado.Está contento la carísima operación de su hijo lo curó. Por otra parte su matrimonio va muy bien porque además tiene un cargo de confianza en la Compañía y su salario es mayor.

Ricardo no ha vuelto a hablar con él desde entonces, ni siquiera respondió a sus llamadas de agradecimiento.

Atrapado7-EL CRISOL DE LA CORDURAY de vez en cuando a Jesús, le viene la sensación de estar atrapado en una planta carnívora.

Texto: ©  aruasjf

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La bitácora

El primer contacto de mi vida con una bitácora, fue en un buque mercante en el que me enrolé como grumete con 12 años, era normal entonces, ahora seria impensable.

Normalmente no salía de la sala de maquinas en la que mi labor consistía en su mayor parte, en ser una especie de criado, al que cualquier descerebrado podía maltratar. Así, desde las seis de la mañana y durante doce horas del día, pero en honor a la verdad, los descansos y turnos de comidas eran vigilados escrupulosamente por los superiores.

No podíamos los grumetes andar por el barco a nuestro antojo, pues las reglas estrictas disponían de dónde y no dónde estar en las horas de asueto.

Tampoco se nos permitía a los grumetes pisar el puente de mando, ese era terreno sagrado para la tripulación.

Tuve la suerte de caerle bien a uno de los mas respetados miembros del buque, el contramaestre, Jacinto “el canario” se llamaba, natural de Tenerife.

Decía que me parecía a su hijo, de casi mi misma edad y que vivía junto a su madre en la ciudad de San Sebastián de la Gomera que era de donde era ella y donde había comprado una casita con jardín y patio.

Me contaba bellas historias de gomeros, del peculiar lenguaje del “silbido” con el que los habitantes de la isla hablaban desde un cerro a otro, del sabor, algo salobre, del agua del pozo donde Cristóbal Colon llenó sus odres antes de partir a la conquista del Nuevo Mundo, de un fabuloso licor conocido como “el gomerón”, “solo los dioses beben algo parecido”, decía ufano.

Un día Jacinto, me dijo, ¡¡vente conmigo, que voy al “puente”!!, le seguí obediente y callado, consciente como era de lo extraordinario de la situación.

Cuando llegamos, después de pedir permiso al segundo oficial, pude temblando y con los ojos como platos ver el mundo de otra manera.

Ante mí y acostumbrado como estaba a la semioscuridad de la sala de maquinas, se abrió otra perspectiva diferente, era como si hubiera subido al centro director del universo.

Y allí estaba ella. Bella. Majestuosa. Mas alta que yo.Con su vestido de madera y su lente de cristal pulido señalando todas las direcciones del planeta, marcando el rumbo y las vidas de los que navegábamos en ese gran buque.

El oficial ni me miró, pero yo en ese momento fuí el chico mas feliz del mundo.

Hoy tantos años después, todavía recuerdo aquellos días, por eso lo cuento, perdonadme, en esta otra bitácora, EL CRISOL DE LA CORDURA.

Paulino Cervantes 2011.

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Cosas de niños

Voy a ver a mi tía María—dice la mujer, mientras se abrocha meticulosamente los botones del abrigo — de acuerdo—contesta levantando la cabeza Lázaro, empezando con parsimonia a doblar el periódico en el que acaba de comprobar que en los números premiados en el sorteo de lotería, como siempre, no figura el suyo.

Luisa previsora insiste en las instrucciones, ¡este hombre, con lo despistado que es! — piensa en voz alta—, ahora ya desde el quicio de la puerta continua machaconamente con la retahíla.

…….Recuerda cariño, —dice con tono de voz  meloso— que hoy vienen nuestros nietos a pasar la tarde, la nena y su marido tienen que acudir a una entrevista, ojalá le den el trabajo, le hace falta, pobrecita, en la casa siempre con los niños y Pablo con esas jornadas tan prolongadas…. además, que para eso hizo ella su carrera, ¡¡con lo buena estudiante que fue!!, y con el dineral que nos costó mandarla a la Universidad, ojala le den el trabajo—suspira con fuerza y afirma decidida—y nosotros la ayudaremos, que para eso estás tú jubilado y …..ahhh que no se te olvide que estarán a las cuatro aquí, hay que darles de merendar, yo vendré pronto, pero después de la consulta del callista me pasaré a comprar un encargo que me ha hecho nuestra hija, ten paciencia y no te muestres como un viejo gruñón, ehh, ¡¡contesta Lázaro!!, ¿me has oído..¡¡si mujer!!, te he oído, ….anda vete y no tardes mucho.

Lázaro dobla definitivamente el diario y contempla por la ventana alejarse a su esposa.

Por un momento se sumerge abstraído en el recuerdo de cuando la conoció, nunca pensó que una mujer tan guapa fuera a querer nada con él y menos a casarse y mira por donde, ya llevan cuarenta años juntos, fue la coincidencia común de tener las mismas iniciales en el nombre y los apellidos lo que motivo la curiosidad de conocerse mejor y vaya, cuando empezaron a salir juntos se dieron cuenta que no solo era cuestión de iniciales, alimentaban los mismos principios y objetivos y sobre todo se admiraban el uno al otro.

Lázaro Laín Lezcano y Luisa López Larios, ¿no es sorprendente?, una casualidad así, no es normal—decía para conquistarla—eso es el destino, estamos hechos el uno para el otro—afirmaba rotundo Lázaro.

EL CRISOL DE LA CORDURA 31Y así fue, se casaron y…. ¡¡que guapa es, con los años que tiene y el gusto que da de verla!!—piensa ensimismado— descubriéndose de pronto, aún enamorado.

Ding-dong-ding-dong-ding-dong, bruscamente el insistente ruido del timbre lo vuelve a la realidad.

¡¡Hola papa!! aquí te dejo a los críos, Pablo me espera con el coche en marcha, en cuanto pueda vendremos por ellos—ya corriendo hacia la acera—¡¡no olvides la merienda!!…¡¡ niñooos portaooos bien con el abueloooo!! —grita desde el auto—.

EL CRISOL DE LA CORDURA 27Como un tornado corren los pequeños hacia la sala y entonces la grey infantil torna en griterío y risas, el apacible silencio acostumbrado.

Lázaro cariñoso, aúpa al más pequeño de sus nietos, lo besa y acariciando sus sonrosadas mejillas, eleva con cuidado tono autoritario la voz, entre los juegos desatados de los alevines.

¡¡Chicos, escuchad!! tenéis que dejar de gritar, jugad si queréis—ya con voz apacible—pero sin armar tanto ruido.

Sospecha el abuelo que sus palabras han tenido poco efecto disuasorio entre los infantes, aún así toma asiento resignado y despliega su periódico buscando ahora el crucigrama.

A esta altura ya los críos se han dispersado por los rincones de la casa, el abuelo sorprendido del momentáneo silencio, levanta la vista del diario y al no verlos, va a buscar a sus nietos intentando que vuelvan a la salita, cuando ve al mas pequeño tirándole del rabo al gato, que con un espantoso maullido intenta escapar de su captor, ¡¡Jorge, suelta al gato!!, mientras va por él se oye un estrepito en la entrada, uno de los mellizos ha tirado al suelo el mueble con espejo en su afán de hacer caer un llavero con un gracioso conejito, por su parte Lidia que solo tiene cuatro años está en el dormitorio desarrollando su incipiente vocación para la pintura artística, usando de lienzo la blanca puerta del ropero y usando como material pictórico, la caja de cosméticos de la abuela. Con el pequeño en brazos y los otros de la mano, siente un escalofrió, ¡¡falta uno!!,… ¿Pablito y tu hermano Luis?…el pelirrojo mellizo encoge sus hombros y Lázaro—muy nervioso—se encamina a la cocina.

Allí el otro mellizo ha decidido que ya que hay que merendar lo mejor es empezar sacando la harina pues….¡¡me apetecían tortitas!!—grita en su defensa, comenzando en ese momento su infalible estrategia de llorar.

Dos segundos después ya están los cuatro llorando.

Se deja caer en el sillón, espantado por su incapacidad de dominar la situación, echa de menos a Luisa,—¿porque me ha dejado solo? —ay, ay, ¡¡niñooo!! ten cuidado, que vas a romper ese jarrón—,……ella —piensa abrumado—, sabe cómo afrontar esta locura.

clip_image001Se le ocurre llamar a Paulino para pedir consejo, él ha salido de situaciones mas graves—murmulla mientras marca esperanzado el teléfono salvador—.

Al otro lado de la línea, contesta la voz grave de su amigo y Lázaro narra atropelladamente las peripecias de los imberbes.

Lo mejor en estos casos—aconseja Paulino, soltando una carcajada —es el remedio clásico, lo que se ha hecho siempre.

Desconcertado, Lázaro no se atreve a preguntar.

Empieza a contarles historias, hechos que te han pasado, y cuando te asalten a preguntas respóndeles a todas, ya veras como en poco tiempo los tienes sentados a tu alrededor, los niños son muy curiosos, y eso es bueno, cuéntales por ejemplo como nos conocimos en aquel barco anclado en el puerto de Fuenterrabía, Hondarribia se llama ahora ¿no?, esa es una bonita historia para empezar.

Cuando Luisa abre la puerta solo oye el murmullo de la voz de su esposo, inquieta se dirige al origen de lo que oye y cuando se asoma a la estancia se asombra al ver a los niños en silencio, con los ojos muy abiertos, acurrucados junto al abuelo y escuchando atentamente sus palabras.EL CRISOL DE LA CORDURA 30

Sonriente saluda a todos y besando uno a uno, le pregunta a Lázaro entre alegre y curiosa, ¿como ha ido todo?, ¿han hecho alguna travesura?.

No,—responde tranquilamente el abuelo—solo cosas de niños.

Paulino Cervantes 2011.

Texto: ©  aruasjf

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Crónica a mano alzada de mi muerte

Primer trazo:

El día de mi muerte.

Estoy muerto, mi cuerpo es ahora un cadáver frío encima de una caja del tanatorio del Paseo de las Acacias; aunque no lo creáis para mí hoy y por más que me resulte inexplicable lo que os cuento, esa es la incuestionable y pura realidad.

EL CRISOL DE LA CORDURA -16

Estoy algo confuso y mi intento de narraros estas líneas se ve perturbado por el hecho de ser capaz de estar en el presente y el pasado a la vez, os diré que la única manera de comunicarme con el mundo, es de forma virtual, puesto que en ese estado es en el que estoy ahora.

Perfilando la línea:

El mazazo

Para entenderlo todo hay que explicar que sucedió ese día y como llego hasta mí la parca.

En realidad fue un día corriente, de esos que no tienen nada que destacar en la rutina diaria, pero mi muerte convirtió ese miércoles del ultimo mes del año en una fecha extraordinaria, digna de recordar, al menos eso creía yo, para todos, con el tiempo comprobé lo fácil que se le olvido a todo el mundo.

Esa mañana de Diciembre habría sido normal sino hubiera sido por ese dolorcillo del pecho que había vuelto con algo mas de intensidad que en las ultimas veces, son gases, escuche por enésima vez de boca del medico del consultorio, mientras con rapidez estampaba su firma en una receta con la que daba por terminado el tiempo que me dedicaba en su apretada agenda, repleta ésta de pacientes resignados que aguardaban para explicarle sus dolencias, casi todas ellas propias de la estación; resfriados y dolores de huesos esperaban las correspondientes recetas de analgésicos y antitérmicos, que apresuradamente extendía en sus horas de consulta el galeno.

De pronto, todavía no se como, estaba en el ancho vestíbulo repleto de salitas del tanatorio, cada una con su numero fijado en un lado de la puerta.

Caminando despacio y con disimulo, miré a unos desconocidos que charlando en un animado grupito, contaban anécdotas de alguien, que supuse, seria el protagonista de ese evento funerario.

Me paré cerca de la entrada intentando hacer recapitulación de la situación para entenderla, no veía a nadie conocido al que comentar esta transitoria perdida de memoria que me hacia olvidar a quién había venido yo a dar un ultimo adiós, hasta que….. de pronto, me sorprendí bastante al ver llegar a mi amigo Salustiano con cara de circunstancias y sobre todo, que a unos metros de mí no alzara los brazos como yo esperaba, para darme un abrazo tal y como el acostumbraba siempre al verme, máxime que desde casi un año antes no nos habíamos visto, pues había fijado temporalmente su residencia cerca de Zaragoza, donde vivía su hija pequeña casada con un militar destinado en la academia que hay allí.

Casi le grite con voz ronca, ¡¡Tano!! –¿que haces aquí?–, ¿es que no vas a saludar a tu camarada, viejo bribón?, pero el siguió andando como si nada.

Si me vio, disimuló, porque siguió su camino en dirección al fondo del pasillo, como digo sin pararse y ya con paso apresurado a la salita del fondo la que llevaba el nº 6 en la puerta.

Le seguí ya bastante intrigado por lo insólito de la situación, eche una ojeada al interior cuando llegué y mi sorpresa fue mayúscula cuando comprobé que todos los que se apretujaban en la habitación eran gentes conocidas.

Amigos y gente de la familia con caras compungidas, se turnaban en besos y palabras de consuelo a mi esposa y mis hijos que los recibían con sollozos y cara de mal llevada resignación.

Desde luego para mí, fue extraordinario que nadie advirtiera mi presencia.

Decidido, crucé con paso firme hacia mi cónyuge y mis vástagos dispuesto a una explicación de lo que estaba pasando allí.

Al fondo, como era habitual en esos sitios, detrás de una cristalera que cubría la pared había una caja de madera con un cadáver rodeado de ramos y coronas de flores con las típicas inscripciones de estos casos.

Y fue entonces cuando me fijé en el cadáver, ¿como era posible?, ¡¡era yo!! , casi me caigo de espaldas de la sorpresa, me llegaron entonces claramente, las conversaciones que con voz queda llevaban los presentes.

¡Ha sido fulminante!,—decía uno de mis primos— ya sabemos todos en la familia la predisposición a padecer enfermedades cardiacas,…pero ya ves, con cincuenta años…era muy joven, ¡no hay derecho!—le espetaba la novia de mi hijo—a modo de respuesta.

Confundido intente balbucear unas palabras dirigiéndome a mi mujer, pero ella se giro sin mirarme siquiera, para atender a mi amigo Paulino que entraba dando voces de desesperación y gritando ¡¡¡amigo mío, amigo mío!!!.

¿Cómo ha sido posible esto?, ¿qué le ha pasado?, le preguntó Paulino a mi doliente compañera al tiempo que la abrazaba, estallando ésta en un llanto de desesperación.

¡Un infarto! —contestó con voz entrecortada—un infarto se lo ha llevado.

No entendía nada, fui corriendo hacia mis seres queridos gritándoles ¡¡que no!!, que yo estaba vivito y coleando,..no se quien habrá en la caja,—dije alterado—, si, desde luego es alguien que se parece a mí, pero no soy yo, yo no he sufrido ningún infarto, ni he muerto, ¿estáis todos locos?,…..en ese momento, de casualidad, miré hacia el espejo que había detrás de ellos, me desplomé entonces, ¡¡no se reflejaba mi figura en él!!…….

Parecía que no estaba allí, comprobé que nadie me oía, nadie me veía, intente sujetar el hombro de quien tenia delante y me di cuenta que no agarraba nada.

EL CRISOL DE LA CORDURA -9No sabía que saber que hacer; estuve durante todo el tiempo del duelo, casi dos días, sin salir de la estancia.Verdaderamente fue una suerte que no necesitara ni comer ni ninguna otra de las prosaicas necesidades humanas.

Finalmente, acompañé el recorrido de la caja del cadáver, —¡¡mi cadáver!! —hasta la puerta del horno crematorio.

Me dispuse a volver con mi familia hasta mi hogar, no sé aún como, pero llegué antes que ellos y todavía sigo aquí.

Segundo trazo:

Mi vida de muerto

Ha pasado ya algún tiempo, creo, —la verdad es que realmente no sé cuanto, porque he perdido la noción de este, —y he comprobado lo que os decía antes, lo pronto que olvida la gente.

Mi esposa al principio recibió muchas llamadas, pero con el tiempo la pobre cada vez está más sola, hasta mis hijos han dejado de acompañarla como en los primeros días.

Siempre fuimos ahorradores, pero como los gastos del hogar son muchos, lo poco que teníamos guardado se fue acabando, nadie acudió en su ayuda, pues la gente suele desconocer el desamparo que tienen las viudas; ella por su parte disimulaba las estrecheces para que no sufrieran nuestros hijos y sobre todo por dignidad.

Nuestros amigos y conocidos hace tiempo que no visitan a mi esposa, nadie llama y la soledad se le hace eterna. Yo por mi parte solo puedo estar ahí, le hablo intentando consolarla cuando le caen las lágrimas al repasar las antiguas fotografías de los tiempos felices, pero desgraciadamente ahora ya sé que no puede escucharme por mas que hable; en mis momentos de desesperación hasta he llegado a desear que muera ella para así poder juntarnos los dos para siempre, pero no, no quiero que muera, en realidad esta situación es horrible.

Es en estos momentos, cuando me arrepiento de no haber conversado más con ella, de no haberla acariciado y estrechado entre mis brazos con la pasión de los primeros tiempos y me lamento ahora, de haber dejado caer en la rutina  a nuestro matrimonio en los últimos años.

Solo mi querido amigo Paulino vuelve a verla invariablemente a las cinco de la tarde de los miércoles y durante un buen rato cuenta anécdotas que nos sucedieron, e incluso algún secretillo que solo él sabía, consiguiendo arrancar de sus labios una sonrisa.

Solo ella, Paulino y mi viejo gato parecen echarme de menos.

Trazo final:

La enseñanza

Hoy todo ha cambiado.

Esta mañana de pronto he sentido un fuerte dolor y un calambre espantoso, he perdido el conocimiento enseguida.

Cuando he despertado y mientras intentaba abrir los ojos oía una voz fuerte que con alegría no disimulada gritaba: ¡¡¡vuelve en sí!!!, lo hemos recuperado—le explicaba a alguien—que tenia las manos apoyadas sobre mi pecho.

Al intentar levantarme, he visto a quien hablaba, un señor que no conocía con una bata verde y un fonendo colgado y al ver las luces naranjas de la gran furgoneta de detrás de él, he comprendido que era el servicio de urgencias medicas que me estaba atendiendo.

Al preguntar que me había pasado, me ha contado que algún transeúnte había llamado a Emergencias al verme caer desplomado y que gracias a eso y por unos minutos he salvado la vida.

Solo ha pasado una hora y cuando al llegar al hospital he visto a mis hijos y mi mujer a los que les han avisado y que ya me estaban esperando he comprendido que todo el suceso tan extraordinario de mi muerte había sido un sueño. Un sueño que me pareció durar muchos años y han pasado solo unos minutos.

¡¡Estoy vivo y bien vivo!!

 

No se cuanta vida me queda, ni falta que me hace, yo ya he aprendido una lección y tengo muy claro que a partir de ahora, voy a valorar mas cada minuto de los que esté vivo, no me interesan otras vidas para después de muerto, pues el comprobar lo que me quieren o no después, no tiene importancia, es aquí y ahora cuando veo necesario querer y que te quieran y una vez muerto, la cebada al rabo—como decía mi madre—que era muy sabia.

 

Texto: ©  aruasjf

Fotografía:

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