La bitácora

El primer contacto de mi vida con una bitácora, fue en un buque mercante en el que me enrolé como grumete con 12 años, era normal entonces, ahora seria impensable.

Normalmente no salía de la sala de maquinas en la que mi labor consistía en su mayor parte, en ser una especie de criado, al que cualquier descerebrado podía maltratar. Así, desde las seis de la mañana y durante doce horas del día, pero en honor a la verdad, los descansos y turnos de comidas eran vigilados escrupulosamente por los superiores.

No podíamos los grumetes andar por el barco a nuestro antojo, pues las reglas estrictas disponían de dónde y no dónde estar en las horas de asueto.

Tampoco se nos permitía a los grumetes pisar el puente de mando, ese era terreno sagrado para la tripulación.

Tuve la suerte de caerle bien a uno de los mas respetados miembros del buque, el contramaestre, Jacinto “el canario” se llamaba, natural de Tenerife.

Decía que me parecía a su hijo, de casi mi misma edad y que vivía junto a su madre en la ciudad de San Sebastián de la Gomera que era de donde era ella y donde había comprado una casita con jardín y patio.

Me contaba bellas historias de gomeros, del peculiar lenguaje del “silbido” con el que los habitantes de la isla hablaban desde un cerro a otro, del sabor, algo salobre, del agua del pozo donde Cristóbal Colon llenó sus odres antes de partir a la conquista del Nuevo Mundo, de un fabuloso licor conocido como “el gomerón”, “solo los dioses beben algo parecido”, decía ufano.

Un día Jacinto, me dijo, ¡¡vente conmigo, que voy al “puente”!!, le seguí obediente y callado, consciente como era de lo extraordinario de la situación.

Cuando llegamos, después de pedir permiso al segundo oficial, pude temblando y con los ojos como platos ver el mundo de otra manera.

Ante mí y acostumbrado como estaba a la semioscuridad de la sala de maquinas, se abrió otra perspectiva diferente, era como si hubiera subido al centro director del universo.

Y allí estaba ella. Bella. Majestuosa. Mas alta que yo.Con su vestido de madera y su lente de cristal pulido señalando todas las direcciones del planeta, marcando el rumbo y las vidas de los que navegábamos en ese gran buque.

El oficial ni me miró, pero yo en ese momento fuí el chico mas feliz del mundo.

Hoy tantos años después, todavía recuerdo aquellos días, por eso lo cuento, perdonadme, en esta otra bitácora, EL CRISOL DE LA CORDURA.

Paulino Cervantes 2011.

Fotografía:

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8 comentarios

Archivado bajo Cultura, Letras, Opinion, Sociedad

8 Respuestas a “La bitácora

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Qué bonita historia!!!!!! Madre mía, con 12 años!!!!! Imaginas hoy en día que un chiquillo con 12 años esté trabajando enrolado en la marina????. Ni lo de antes, ni lo de ahora que con 30 años siguen pidiéndoles los euros a mamá y papá.
    Una historia preciosa…
    Un besote

  3. Gracias por sus amables palabras; los niños entonces teníamos que salir a ganarnos la vida, ¿recuerda usted aquellos versos de D. Miguél Hernández sobre el niño yuntero?, pues así vivíamos entonces los pobres. Saludos Paulino.

  4. Yo era un poco más mayor cuando vi la primera, sería en la Escuela en Cádiz.
    Luego a lo largo de los años vi muchas y las manejé.
    De ahí que me resultara extraño que a los blogs les llamen bitácoras y que digan “navegar” a eso de desenvolverse por la red.
    Saludos.

  5. Señor Kepa gracias.
    En primer lugar porque en esta época de satélites y GPS, creía que ya poca gente seria capaz de asociar el nombre de bitácora a uno de los mejores inventos del hombre, que entre otras cosas posibilitó la comunicación entre los pueblos al no tener que basarse toda la navegación al cabotaje.
    En segundo lugar por comentar este artículo, honor que ha hecho usted, siendo como me ha dicho Juan Francisco, un verdadero marino y gran profesional, (he visitado su magnífica página, solo por los visitantes y amigos de usted ya merecería la pena, pero además sirve de ayuda a quien necesite de sus conocimientos del mundo del mar, de la mar).
    Sabe usted como profesional lo dura que es la vida de marino; lo ingrata que llega a ser. Nadie que no lo haya vivido se podría imaginar los golpes de mar atravesando uno de los tres cabos y lo que se vive a bordo, los valores y miserias de ese microcosmos que es un buque, la disciplina, la envidia, la soledad, el rencor, pero también el compañerismo desprendido, la verdadera amistad, la valentía en determinadas ocasiones y de quien menos se espera.
    En fin ya quedan pocos marinos y quizás en el futuro queden menos, la tecnología acabará con esa raza, pero no le quepa duda que la forja del carácter y la hombría de bien de los hombres de la mar perdurará en la memoria colectiva puesto que ellos han sido humildemente, uno de los pilares del avance de las sociedades.
    Un abrazo, Paulino.

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  7. Luna

    Que curioso, volver a manear una bitacora al cabo de tantos años,cuantos recuerdos…,es todo tan diferente.Un abrazo

  8. Le agradezco su comentario.
    Si tengo años, pero mi cabeza está bien se lo aseguro.
    Y…….si, tengo muchos, muchisimos recuerdos y la verdad la gente no tiene tiempo ni ganas de escuchar, por eso me decidí a esto de internet, aquí soy uno mas, nadie piensa que soy un viejo chalado, y no crea usted, yo aprendo rapido, de vez en cuando hago un estropicio pero ja, ja, tengo amigos, buenos amigos.
    Gracias otra vez por su comentario.Paulino.

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