Un hombre de palabra

Calauria-EL CRISOL DE LA CORDURA

Va cayendo la tarde, en el horizonte el sol toma colores rojizos, mientras tomo un descanso en un tocón que otrora fuera un esplendido olivo, ahora un resto algo quemado por el incendió que devasto esta pequeña isla de Calauria en 2007.

Diviso en el pueblo el ajetreo de los sábados y me viene a la memoria, quizás por el cansancio que me ha supuesto mover el desmochado tronco, esta pequeña historia que les voy a contar.

Corrían los años cincuenta del pasado siglo, eran unos años bastante difíciles, había mucha necesidad, cada cual se las ingeniaba para aumentar su menguado jornal.

Diré como ejemplo que no podías dejar una herramienta descuidada ni un minuto, pues ya no la volvías a ver, los descuidados sabían que tendrían que pagar por ella en el mercadillo de segunda mano de los domingos.

Paco Cercero, que así se llamaba de quien les hablaré, era un personaje popular, por el apodo de “tarzan” se le conocía.

Era un hombre muy fuerte, pues su trabajo era darle al “lunes” como se le decía al marro de 12kgs. herramienta esta, que manejaba con la destreza con la que un pintor mueve el pincel, muchas veces participaba en competiciones de besos, con sus compañeros del taller de herreros del gran astillero donde trabajaba.

Los besos consistían en asir el mazo por el extremo del estil y solo con el giro de la muñeca acercarlo a los labios y darle un beso al acero, competición bastante peligrosa además de difícil de conseguir, pues el peligro de perder los dientes o romperse la muñeca, acechaba a quien lo intentara; “tarzan” siempre salía victorioso de estos lances, solo le hacía sombra “el culebra”, personaje del que les hablaré en otra ocasión.

Pues al bueno de Paco “el tarzan” un buen día, un chatarrero local le propuso un negocio.

A este trapicheador le había salido un comprador de un yunque y le propuso a sabiendas de la mala situación económica que este tenía y el sufrimiento que le producía el no tener dinero para pagar el traje de comunión de su hija pequeña, que robase uno de su trabajo, el se lo compraría por doscientas pesetas, entonces una cantidad respetable.

Paco no era un ladrón, jamás había tocado nada que no fuera suyo, era pobre pero honrado, aunque lo complicado de la situación le atormentaba.

Estuvo una semana pensándolo. Al fin decidió llevarse del local de la fragua que había en patio del taller, un yunque, pero no un yunque pequeño no, se llevó un yunque que pesaba más de cuarenta quilos. Ese sábado al fin de la jornada, dejo su ropa sucia escondida y entonces liando el bulto con una toalla, lo sacó de la factoría, pasando frente a los guardias y aparentando que el hato no pesaba más de dos o tres kilos.

“El tarzan” era un hombre serio y de palabra. Ese domingo fue a ver al chatarrero con su yunque, mientras hacía cuentas como iba a administrar la pequeña fortuna.

“El seco”, el comprador lo esperaba.

Sus codiciosos ojos se posaron sobre el bulto, cuando se lo pasó Paco un poco más y se cae de bruces, “el seco” que no era tal pues el mote irónicamente se lo pusieron por lo orondo de su figura, le dio un sobre con el dinero. Paco abrió el sobre y miro el contenido viendo que solo había cincuenta pesetas. Miró al “seco” pero el chatarrero, con voz entrecortada, le dijo que el comprador primero había renunciado al negocio, — ¡¡esto es todo lo que te puedo dar!!— envalentonado el negociante, por saber de la dificultad de alguien que no estuviera en el mundo de la compraventa, de encontrar un comprador y a sabiendas de la necesidad de Paco.

Sin decir una sola palabra, Paco “el tarzan”, recogió el yunque, lo volvió a liar en la toalla, lo cargo al hombro y al día siguiente, antes de recoger su herramienta de el arcón para empezar la jornada, volvió a dejar el yunque en su sitio, junto a los otros dos que habían en el local de la fragua.

Cuando algún tiempo después, Paco “el tarzan” que por entonces trabajaba a mi lado en una cuadrilla, me contaba susurrando los hechos, a mi pregunta de porqué lo había devuelto, me espetó: ¡¡¡yo soy hombre de palabra!!!

Paulino Cervantes 2011.

Esta obra se distribuye con una licencia de Creative Commons.

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2 comentarios

Archivado bajo Cultura, Opinion, Sociedad

2 Respuestas a “Un hombre de palabra

  1. Magnífica historia… Qué falta hace más gente de palabra. Se les echa de menos.
    Genial!. Espero la siguiente.
    Un besote

  2. Pingback: Bitacoras.com

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